El Nuevo Santuario

Vista aérea del Santuario de Meritxell

El nuevo Santuario de Meritxell tiene un significado muy especial para el pueblo andorrano, siendo hoy en día la sede de la religiosidad del país

Como no podía ser de otra forma, esta obra contemporánea tan representativa supone uno de los exponentes más importantes de la arquitectura de Andorra del final del siglo XX y desde su inauguración en el año 1976, ha enriquecido de forma notable la cultura artística y patrimonial del territorio.
Para comprender el santuario, hay que tener en cuenta que Meritxell es más que un santuario. Es un lugar de paz y contemplación y por ello, es un lugar abierto al paisaje y la naturaleza que le rodea, un marco para la meditación y el recogimiento.
El Conjunto Histórico de Meritxell, constituido por el Santuario viejo (o Antiguo Santuario) y el Santuario nuevo, está declarado bien de interés cultural por el Gobierno de Andorra. La presencia de las dos infraestructuras perpetua la continuidad y la constante renovación de la fe y de la Iglesia como institución.

 

EL PROYECTO

En las primeras conversaciones para definir el diseño del nuevo Santuario de Meritxell participaron los talleres de arquitectura Moragues, Bohigas-Martorell-Mackay y Ricardo Bofill. Al retirarse por diversas razones los dos primeros, finalmente es Ricardo Bofill el encargado de la dirección del proyecto del edificio.

Éste presentó un santuario grandioso y colosal, concebido bajo la creación de un gran espacio que impactara visualmente y que sobre todo, estuviese integrado en el paisaje que lo rodea. Entre los elementos inicialmente ideados, un viaducto que conectaba las montañas del valle, un lago artificial, un puente, una calle con comercios y restaurantes, una gran escalinata con terrazas, pequeños refugios y esculturas, además de los anfiteatros para celebraciones populares y actos culturales.

 

Vista del patio a cielo abierto y sus arcos

Sin duda, era un proyecto bastante ambicioso que tenía el riesgo de no ser entendido por la población nacional, muy influenciada por el estilo arquitectónico románico del viejo santuario. De hecho, al principio, el nuevo templo fue muy difícil de asimilar ya que no contó con el beneplácito de la población.

De esta idea inicial, Ricardo Bofill solo plasmó una pequeña parte, la que hoy en día se puede ver. Esta construcción se inicia el 8 de septiembre de 1974, y aunque las obras no estaban totalmente terminadas, el 8 de septiembre de 1976 se inaugura.

El nuevo Santuario de Meritxell se conceptuó sobre tres pilares básicos: fe, identidad y cultura, teniendo presente el binomio religiosidad-cultura. El conjunto debía integrarse en la naturaleza para crear un paisaje cultural evocador y a la vez, impactar visualmente al peregrino y visitante.

El eclecticismo monumental que derrochó Ricardo Bofill en esta obra ha enriquecido la cultura material del país, dando como resultado un monumento tan representativo y estableciendo un precedente en lo que arquitectura contemporánea se refiere.

 

EL TEMPLO

El arquitecto Bofill proyectó un edificio de volúmenes geométricos variados y muy marcados, configurando una expresión monumental que fusiona varios estilos artísticos (eclecticismo), diferentes unos de otros, bajo una clara línea vanguardista.
El edificio central, con bóveda de cañón, posee una nave de cruz griega distorsionada y un ábside de planta cuadrada. Rodeando la planta de cruz, se distribuyen los diferentes espacios del santuario, que mantienen las proporciones como un recuerdo de la sección aura o divina de los templos grecorromanos, recuperada por las iglesias del Renacimiento.

La naturaleza rodea el santuario

La inspiración románica la observamos en el conjunto de arcos y torres que interrelacionan entre sí y, como si estuvieran inacabados, nos recuerdan los vestigios románicos del antiguo santuario. El claustro adosado al lado sur, cubierto con bóveda de crucería, está concebido para recordar los claustros de los centros monásticos medievales, donde también se incorporan características del románico monumental de las regiones vecinas, que dialogan con el blanco y el negro recordando el Renacimiento italiano.

El paisaje que rodea el edificio está siempre presente en el ambiente y penetra en el interior del templo a través de grandes aperturas y vanos, de tal manera que encontramos aquí una cierta conexión con el arte islámico, el cual vuelve a estar presente en la fuente de agua central del claustro. En el lado norte encontramos un patio con ciertas reminiscencias a los construidos bajo las líneas de la arquitectura islámica. El conjunto arquitectónico lo cierra una torre-campanario de planta cuadrada, de importantes dimensiones, inspirado en los campanarios de los monasterios románicos catalanes.

Pero, independientemente de los diferentes estilos e influencias que podemos observar en este templo, el principal punto de referencia en el diseño fueron las ruinas quemadas de la capilla de Santa María de Meritxell, un homenaje que plasma el arquitecto con enormes arcos blancos de medio punto que sostienen y decoran el edificio.

LOS MATERIALES

Este nuevo santuario tiene una particularidad muy clara: la austeridad y la ausencia de ornamentación. Los materiales utilizados, ensalzando esa integración del edificio con el paisaje de la que ya hemos hablado, simbolizan los diferentes elementos naturales que lo rodean:

  • la pizarra de piedra, extraída de la misma montaña, de la tierra
  • la blancura del techo y el suelo, que simbolizan la nieve, conectan con el paisaje de invierno nevado de Meritxell
  • los recubrimientos de cobre en azoteas y torre, puestos con la idea de que se convirtiesen en láminas verdes con la humedad y el paso del tiempo, pretenden reflejar los prados que rodean al santuario (el clima de los valles no ha permitido ver esta fusión de cobre enverdecido)
  • la gran vidriera que separa la iglesia del claustro es fuente de luz, arrojando una cascada de sol al interior del templo

Guía del Santuario

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