Nuestra Señora de Meritxell

Fieles presentando sus respetos a la Virgen

La Virgen de Meritxell ha sido, es y será la guía espiritual del pueblo andorrano, la luz que ilumina las vidas de sus ciudadanos.

Siempre ha estado vinculada a la historia de Andorra y este hecho se nota en cualquier acto o ceremonia que se celebra alrededor de la Madre de Dios, convirtiéndose en un derroche de pasión y devoción. Se puede afirmar que el Principado no se explica sin su virgen y viceversa.

La renovación de la fe y fidelidad a la patrona se sintetiza con la presencia de los dos santuarios en el conjunto religioso de Meritxell, el viejo y el nuevo, que tienden un puente entre los pasados y nuevos tiempos, asegurando la continuidad y el fortalecimiento del espíritu y la iglesia.

Anterior a la imagen (réplica) que hoy preside la iglesia del nuevo santuario, existió otra talla (la original) de la Virgen de Meritxell, que se conservó en el antiguo santuario de Santa María de Meritxell hasta su desaparición debido al incendio de 1972.

Esta imagen románica se consideraba uno de los ejemplares conservados más antiguos, y su fecha de realización se situaba entre los siglos XI y XII. Fue de hecho a partir del siglo XII cuando el culto a la Madre de Dios comenzó a tener una gran relevancia en las iglesias y empezaron a producirse numerosas imágenes.

La imagen románica era de madera policromada, de 0,83 cm de altura, de expresión altamente estática y rústica. La Virgen, entronada, sentada en actitud hierática, llevaba una corona de cinco flores sobre la cabeza y un velo blanco bajo la corona, con bordes adornados. En el pequeño respaldo posterior, siguiendo el canon de las tallas románicas de la época, había una cavidad destinada seguramente a la custodia de reliquias u otras piezas. La Madre iba vestida con una túnica de color rojo, decorada con flores y estrellas, y un manto azul que dejaba a la vista sus manos.

Clara similitud entre la nueva imagen y la antigua

La mano derecha resaltaba dentro del conjunto ya que tenía unas proporciones muy grandes en relación al resto del cuerpo, acentuando el gesto de bendición y acogimiento de la Madre para los hijos. Imágenes de esta época, con esta característica concreta, eran denominadas ‘Vírgenes de la mano larga’. La mano izquierda sostenía al niño Jesús, sentado y sin corona. Éste, también levantaba la mano derecha en actitud de bendecir y con la izquierda, sostenía un libro pegado al pecho.

La Madre llevaba unos grandes zapatos, parecidos a unos zuecos que usaban las campesinas de montaña de otros tiempos, mientras que el niño estaba descalzo.

La imagen que en la actualidad se venera en la iglesia del nuevo santuario es una fiel reproducción de aquella desaparecida, obra del artista andorrano Jaume Rossa. De hecho, la gran devoción que ha existido siempre por esta imagen desde la época medieval en los valles andorranos, ha llevado a que diversos autores realizaran varias copias a lo largo del tiempo, muchas de las cuales se pueden seguir apreciando hoy en día.

La talla ubicada en el nuevo templo no olvida las características de la original y refleja, al igual que la medieval, la siguiente estructura:

  • La disposición y gran dimensión de la figura de la madre, simbolizando la salvaguarda y protección que una madre da a sus hijos
  • Los ojos de la Madre, exageradamente resaltados, expresan eternidad y espiritualidad. La desproporción antinatural intencionada representa la realidad verdadera y trascendente de lo divino. Estos ojos imperfectos y vigilantes permiten que aunque el visitante no la mire, ella sí que lo vea. La Virgen puede leer los corazones de los peregrinos
  • Y por último, el calzado que viste, unos típicos zuecos que usaban las campesinas de la montaña

El artista esculpió esta imagen a partir de diversas fotografías conservadas de la original, y el mensaje que nos transmite es claro: la reina del cielo y la tierra es sencilla y humilde, y quiere y ama a todos por igual.

Dentro del templo, la Virgen está rodeada y acompañada por siete santos patrones que corresponden a las siete parroquias de Andorra. Estas figuras, dispersas, están esculpidas por el artista andorrano Sergi Mas. Corresponden a los siguientes santos: Sant Serni de Canillo, Santa Eulàlia d’Encamp, Sant Corneli d’Ordino, Sant Iscle de la Massana, Sant Esteve d’Andorra la Vella, Sant Julià de Lòria y Sant Pere Màrtir d’Escaldes – Engordany.

La Virgen de Meritxell es la Patrona del Principado y el día 8 de septiembre se celebra la festividad.

Las plegarias a la Virgen de Meritxell del párroco de Canillo y rector del santuario, Mosén Ramón, reflejan lo que es el santuario para el peregrino y devoto de la Virgen:

Meritxell del silencio, enséñanos a escuchar.
Meritxell de la montaña, enséñanos a admirar.
Meritxell de las nieves, enséñanos a no mentir, ni a mentirnos.
Meritxell de la rosa silvestre, enséñanos el gozo de dar y de darnos
Meritxell de los narcisos de los poetas, enséñanos la dulzura de la vida.
Meritxell del cielo limpio y del sol esplendoroso, enséñanos la Luz.
Meritxell vecina de los prados y de las casas de campo, enséñanos la sencillez.
Meritxell del sufrimiento, enséñanos a rezar.
Meritxell de los niños, enséñanos a sonreir.
Meritxell de la paz, enséñanos la solidaridad.
Meritxell, Madre de los Andorranos, enséñanos la unidad.
Meritxell, Madre de Dios, enséñanos a amar.

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